Introducción

La musculatura esquelética de los mamíferos está compuesta por fibras con diferentes características estructurales y netabólicas. El advenimiento y desa­rrollo de las técnicas histoquímicas han permitido caracterizar estos tipos de fibras. Básicamente, las miofibras esqueléticas de los mamíferos pueden cla­sificarse según su actividad miosín adenosín trifos­fatasa tras preincubación a diferentes pHs en tipo I (contracción lenta) y tipos IIA, IIB y IIC (contrac­ción rápida) (Brooke y Kaiser, 1970). Las técnicas histoquímicas específicas para enzimas oxidativas, tales como la NADH–tetrazolium reductasa, propor­cionan información adicional sobre las propiedades metabólicas de estos tipos de fibras. En general, las fibras tipos I y IIA tienen una capacidad oxidativa elevada, mientras que esta propiedad es muy varia­ble en las fibras tipo IIB; la mayoría de estas fibras tienen baja capacidad oxidativa pero otra propor­ción de ellas exhibe una capacidad oxidativa mode­rada o elevada (López-Rivero y col., 1990).

Diversos estudios han demostrado una correla­ción directa entre la capacidad física del caballo y las características de sus tipos de fibras musculares (Snow y col., 1981; Wood y col., 1988). Ahora bien, la composición fibrilar de un músculo en un animal adulto, esto es, la proporción de sus diferentes tipos de fibras, es el resultado de la interacción de facto­res endógenos (genética, raza, edad, sexo) y am­bientales (nutrición, manejo, entrenamiento). Du­rante los últimos años, se ha intensificado el interés por conocer las modificaciones de la composición miofibrilar asociadas con el entrenamiento y el des­entrenamiento en el caballo, para relacionarlas con su potencial de rendimiento. Todos los estudios de esta naturaleza han sido realizado en Purasangre de carrera, caballos trotadores (Standardbred) y caba­llos de resistencia (para una revisión ver Essén-Gus­tavsson, 1990).

La cría del caballo Andaluz (AN) ha experi­mentado una gran expansión comercial en España durante los últimos años, quizás motivado por las buenas prestaciones de algunos individuos para ap­titudes recreativas (silla) y/o deportivas (doma, en­ganche). Por su parte, los caballos de raza Árabe (AR) y Anglo-árabe (Aa) son criados prioritaria­mente con fines deportivos como consecuencia de sus buenas cualidades dinámicas para los aconteci­mientos ecuestres de fondo. En un estudio previo (López-Rivero y col., 1991), nosotros comparamos las características musculares entre caballos AN y AR sin entrenamiento y animales entrenados para resistencia durante 6 meses. Sin embargo, descono­cemos cómo ocurren las adaptaciones de la pobla­ción fibrilar del músculo en estas razas durante un período de entrenamiento más corto, así como su mantenimiento durante un período de inactividad prolongado. Además, como la composición fibrilar difiere significativamente entre razas (Snow y Guy, 1980; López-Rivero y col., 1989), es posible que su respuesta a un mismo programa de entrenamiento no sea la misma en razas equinas con diferentes aptitudes dinámicas. Por consiguiente, el objetivo de este estudio fue investigar la respuesta de la proporción de los tipos de fibras musculares a un programa de entrenamiento aeróbico de 3 meses de duración, seguido por 3 meses de inactividad, en caballos AN, AR y Aa.

__________

 Trabajo financiado por los siguientes organismos españoles: Consejo superior de Deportes (ref.6567), C.I.C.Y.T (DEP91-0965) y Junta Andalucía (P.A.I., grupo 2002).

Material y métodos

Animales

En este estudio se utilizaron 20 sementales clínica­mente sanos: 8 Andaluces (AN), 7 Árabes (AR), y 5 Anglo–árabes (Aa), con edades comprendidas en­tre 5 y 14 años, y un peso corporal comparable (Tabla 1). Ningún caballo tenía un historial clínico de enfermedad neuromuscular y, en general, no habían realizado con anterioridad ningún programa de entrenamiento específico. No obstante, algunos animales realizaron sesiones de ejercicio lento sin jinete de 30 minutos diarios, 3 ó 4 días por semana, durante 2 meses, antes de iniciarse el entrenamien­to.

TABLA 1 DETALLE DE LA EDAD Y PESO VIVO DE LOS SEMENTALES USADOS EN EL ESTUDIO

Raza

N

Edad (años)

Peso vivo (Kg)

Español

8

9,1± 2,9 (5-14)

514 ± 36 (460-566)

Árabe

7

10,9 ± 3,5 (5-14)

488 ± 18 (460-514)

Anglo- árabe

5

9,0 ± 3,4 (5-14)

520 ± 8 (511-531)

N, número de caballos. Los valores son medias ± desviación típica (y rango).

Alimentación

Todos los caballos fueron alimentados con heno de alfalfa (5 kg/individuo/día) y un pienso concentrado compuesto por avena, cebada, haba y salvado (5 kg/individuo/día). La ración de pienso fue incremen­tada en 2.5 kg/individuo/día durante el programa de entrenamiento. Todos los animales dispusieron de agua y sales minerales ad libitum, permaneciendo bajo idénticas condiciones ambientales durante todo el experimento.

Protocolo de entrenamiento

Los caballos realizaron un programa de entrena­miento de resistencia de 3 meses, con sesiones de ejercicio diarias (mañana y tarde), 5 días por sema­na. La intensidad y duración del trabajo fueron au­mentando progresivamente a lo largo del entrena­miento. Durante el primer mes (semanas 1-4), los animales realizaron 45 minutos de cuerda al trote lento y sin jinete todos los días por la mañana. Por la tarde, los lunes, miércoles y viernes, realizaron 60 minutos de monta al paso, sobre terrenos con dife­rentes inclinaciones, intercalando 3 períodos de tro­te lento de 5 minutos; los martes y jueves realizaron 60 minutos de ejercicio de doma en pista. Durante las 3 semanas siguientes (semanas 5-7), se mantuvo el mismo protocolo de trabajo, pero los viernes por la tarde todos los caballos realizaron 90 minutos de monta a una velocidad media de 12 km/h, interca­lando períodos de paso y trote, sobre un terreno variado con pendientes del 8-10%. Durante las 2 semanas siguientes (semanas 8-9) las sesiones ma­tinales de ejercicio fueron incrementadas 15 minu­tos diarios. Por la tarde, los lunes, miércoles y vier­nes, los animales fueron trabajados por el campo durante 90 minutos de monta sobre un terreno suave y variado, intercalando períodos de paso y trote de 4 minutos. En las 3 últimas semanas (semanas 10-12), los caballos continuaron con las mismas sesiones matinales de trabajo, pero por la tarde, los lunes, miércoles y viernes realizaron 60 minutos de trabajo a intervalos en pista con el siguiente protocolo: 5 minutos al paso, 10 minutos de trote y 5 minutos de galope corto (por 3 sesiones); los martes y jueves realizaron 90 minutos de monta al paso intercalando períodos de 5 minutos de trote. Una vez finalizado el entrenamiento, los caballos permanecieron esta­bulados 3 meses durante la época de cubriciones.

Biopsias musculares

Dos biopsias tomadas a diferents profundidades (2 cm y 6 cm), del músculo gluteus medius derecho fueron obtenidas en cada caballo antes y después del entrenamiento y a los 3 meses de su finalización. La razón por la que fue elegido este músculo obedece a sus implicaciones funcionales en un amplio rango de intensidades de ejercicio (Lindholm y Piehl, 1974). Debido a la extrema variabilidad de la com­posición fibrilar dentro de este músculo (López-Ri­vero y col., 1992), se obtuvieron 2 biopsias repre­sentativas de la región superficial (2 cm) y profunda (6 cm).

Todas las biopsias fueron obtenidas con una agu­ja percutánea de 6 cm de diámetro interno (Henckel, 1983), siempre por la misma personas y extremando la precaución para estandarizar la localización y profundidad de la toma de muestras. El sitio exacto se precisó dorsocaudalmente (en un ángulo de 45°) a la tuberculosis coxal, a una distancia que osciló entre 10 y 15 cm dependiendo de la raza y confor­mación de la grupa de cada caballo. La profundidad exacta de la biopsia fue garantizada por medio de cánulas metálicas, diseñadas por nosotros, que sólo permiten introducir la aguja de biopsia en la profun­didad deseada.

Una vez obtenidas, las muestras fueron orienta­das sobre placas de corcho para obtener cortes trans­versales, bañadas en OCT embedding compound para congelación de tejidos (Tissue Tek, Miles Sci. USA) y sumergidas durante 30 segundos en isopen­tano (2-metilbutano) enfriado en nitrógeno líquido hasta -160°C aproximadamente (Dubowitz, 1985).

Métodos histoquímicos

En un criostato a -20°C se obtuvieron cortes seria­dos de 10 μm de grosor, que fueron incubados para demostrar la actividad miosín adenosín trifosfatasa (mATPasa) miofibrilar a pH 9,4 tras preincubación ácida (pH 4,2 y 4,5) y alcalina (pH 10,3) (Dubowitz, 1985). La capacidad oxidativa de los tipos de fibras fue evaluada en cortes seriados teñidos mediante nicotinamida adenina dinucleótido tetrazolium re­ductasa (NADH -TR) (Dubowitz, 1985).

Según sus patrones de tinción por mATPasa las fibras fueron clasificadas como tipo I (contracción lenta) o tipos IIA, lIB y IIC (contracción rápida (Figura I A) (Brooke y Kaiser, 1970). Las fibras tipo IIC fueron consideradas como fibras tipo IIB, dado que estas fibras fueron escasas (< 1 al 2%) o estuvie­ron ausentes en la mayoría de las biopsias. Las fibras tipo IIB fueron clasificadas en 2 subgrupos de acuerdo con la extensión de su reacción por NADH­TR: IIB oxidativas y IIB no oxidativas (Figura 1B) (López-Rivero y col., 1990).

Figura 1. Microfotografías de cortes seriados de una biopsia del músculo gluteus medius de un caballo, en la que se identifican los tipos de fibras musculares de acuerdo con su actividad miosín ATPasa tras preincubación a pH 4,5 (A) y con su capacidad oxidativa valorada por la reacción de NADH- tetrazolium reductasa (B). x200

Un área representativa de cada biopsia (entre 0,25 y 0,5 mm2), conteniendo al menos 200 fibras, fue examinada sistemáticamente en los cortes seria­dos teñidos por mATPasa tras preincubación a pH 4,5 y NADH-TR. Para ello, se obtuvieron microfo­tografías (x200) del mismo área en las 2 tinciones histoquímicas. La frecuencia relativa (%) de las fibras tipo I, IIB, IIB oxidativas y IIB no oxidativas fue establecida mediante el cómputo de un mínimo de 200 fibras (Snow y Guy 1980).

Análisis estadístico

La media y desviación típica de cada variable fueron obtenidas mediante procedimientos estadís­ticos convencionales. Las diferencias entre las 2 profundidades de muestreo fueron valoradas por medio de una prueba t de Student para observacio­nes pareadas. La variación conjunta de los datos fue analizada mediante un análisis de varianza de 2 factores: raza y situación de entrenamiento, seguido por un test de Scheffe de múltiple rango para com­parar los grupos de medias 2 x 2. Las adaptaciones musculares con el entrenamiento y desentrenamien­to fueron analizadas nuevamente dentro de cada raza mediante una prueba t de Student para datos pareados.

Resultados

Variación con la profundidad

El porcentaje de fibras tipo I aumentó un 50% (P < 0,001) y la proporción de fibras tipo IIB, incluyendo los subtipos IIB oxidativas y IIB no oxidativas, disminuyendo el 42, 32 y 47% (P < 0,001 en los 3 casos), respectivamente, desde la región superficial hasta la región profunda del músculo, pero la fre­cuencia relativa de las fibras tipo IIA fue similar en ambas regiones (P > 0,05) (Tabla 2).

TABLA 2 PROPORCIÓN (%) DE LOS DIFERENTES TIPOS DE FIBRAS MUSCULARES EN LAS 2 REGIONES MUSCULARES. LOS DATOS SON MEDIAS GLOBALES PARA EL MATERIAL ÍNTEGRO (N=20)

Tipos de fibra

Región

Pre- entrenamiento

Post- entrenamiento

Des- entrenamiento

Diferencias entre razas

I

S

24 ± 7

22 ± 7

23 ± 7

P< 0,001

Pa

36 ± 5

38 ± 7

37 ± 8

NS

IIA

S

43 ± 9

44 ± 7

44 ± 7

NS

P

43 ± 6

44 ± 4

44 ± 8

P< 0,01

IIB

S

33 ± 8

34 ± 8

33 ± 6

NS

Pa

21 ± 5

18 ± 7

19 ± 9

NS

IIB oxidativas

S

14 ± 6

 20 ± 10

19 ± 7

P< 0,01

Pa

12 ± 5

12 ± 4

12 ± 8

NS

IIB no oxidativas

S

19 ± 8

 11 ± 10

14 ± 7

NS

Pa

  9 ± 6

 6 ± 5

  7 ± 6

NS

S, superficial (2 cm); P, profunda (6 cm). NS, no significativa. a, P < 0,001 comparado con S. Los valores son medias ± desviación tipica

Diferencias entre razas

El efecto de la raza sobre la composición fibrilar fue más intenso que la varianza asociada al estado de entrenamiento (ANOVA de 2 factores), especialmente en la región superficial. Los caballos Aa mostraron una proporción de fibras tipo I en la región superfi­cial significativamente menor (P < 0,001) y un por­centaje de fibras tipo IIA en la región profunda significativamente mayor (P < 0,01) que los caba­llos AN y AR. Además, la proporción de fibras tipo IIB oxidativas de la región superficial fue significa­tivamente mayor (P < 0,01) en los caballos Aa que en los An (Figura 2).

Figura 2. Cambios absolutos de la proporción (%) de los diferentes tipos de fibras en cada raza durantes el período experimental: Pr, pre- entrenamiento; Po, post- entrenamiento;De, desentrenamiento, a, b los valores de la raza sonsignificativamentes diferentes comparados con los caballos Andaluces y Árabes respectivamente.

Adaptaciones con el entrenamiento y desentrenamiento

Cuando los datos se analizaron conjuntamente para las 3 razas, no existieron modificaciones significati­vas de la composición fibrilar durante el período experimental (Tabla 2), pero cuando el análisis fue realizado separadamente para cada raza, se observó un incremento significativo (P < 0,05) de fibras tipo I en la región profunda del músculo de los caballos AN, y de fibras tipo IIB oxidativas en la región superficial de los caballos Aa tras el entrenamiento (Figura 3). Parte de las escasas modificaciones sig­nificativas asociadas con el entrenamiento persistie­ron después del período de desentrenamiento (Figu­ra 3).

Figura 3.  Cambios relativos (en porcentajes de cambios) de las proporciones de los diferentes tipos de miofibras en cada raza asociados con el entrenamiento (Po) y desentrenamiento (De) respecto a los valores de pre- entrenamiento (Pr). * p < 0,05 comparado con lo anterior toma de muestras.

 

Discusión

Variaciones con la profundidad

La mayoría de estudios concernientes con los efec­tos del entrenamiento sobre el músculo equino han sido realizados sobre el músculo gluteus medius, y han estado basados en el examen de una sola biopsia de este músculo. Sin embargo, tenemos ahora la certeza de que una sola biopsia es una representa­ción insuficiente del músculo completo, debido a la extrema variabilidad de la composición fibrilar, dentro del músculo gluteus medius equino, espe­cialmente en función de la profundidad (López-Ri­vero y col., 1992). El presente estudio proporciona, sin embargo, información sobre la tasa de adap­tación a un mismo programa de extrenamiento en 2 regiones diferentes (superficial y profunda) del músculo gluteus equino.

El patrón de variación de las proporciones fibri­lares entre las 2 regiones musculares observado en el presente estudio corrobora nuestro hallazgos pre­vios (López-Rivero y col., 1992) y probablemente refleja las diferentes demandas funcionales del mús­culo gluteus medius. De acuerdo con estos argu­mentos, la región profunda del músculo, con un predominio de fibras tipo 1, estaría bien adaptada para funciones posturales y actividades clinámicas de bajo nivel pero de larga duración. Por el contra­rio, la distribución de los diferentes tipos de fibras en las partes más superficiales del músculo (predo­minio de fibras tipo IIB) indica un patrón funcional completamente diferente. Estas regiones parecen estar más involucradas con la generación de fuerza propulsiva, rápida, intensa, pero de corta duración (Mine y Bechtel, 1988; López-Rivero y col., 1992).

Diferencias entre razas

Las diferencias entre razas de las características musculares observadas en el presente estudio corro­boran los resultados de otros estudios previos (Snow y Guy, 1980; LÓPEZ–Rivero y col., 1989). La mayor diversidad entre razas observada en la región super­ficial del músculo comparado con la región profun­da puede estar también relacionada con el significa­do funcional atribuido a cada una de estas regiones. Así, parece lógico que las regiones profundas del músculo, destinadas prior¡ tariamente para activida­des de muy bajo nivel y escasa diversidad (funciones posturales y marcha al paso) tengan proporciones fi­brilares relativamente homogéneas en diferentes ra­zas equinas. Por contra, las regiones más periféricas del músculo, involucradas en un rango mucho más amplio de actividades dinámicas (paso, trote, galo­pe), deben tener discrepancias miofibrilares más acusadas entre razas con distintas prestaciones di­námicas.

La mayor proporción de fibras tipo II (contrac­ción rápida) en los caballos Aa en comparación con los AN y AR supone una buena capacidad muscular para ejercicios de velocidad. Los caballos Aa po­seen, además, una mayor proporción de fibras tipo IIA y IIB oxidativas, ocupando los caballos AR una posición intermedia. Los caballos Aa parecen tener propiedades fibrilares más adecuadas que los caba­llos AN para ejercicios de velocidad, pero a costa de un mayor consumo energético.

Adaptación con el entrenamiento

Diversos estudios han examinado los efectos del entrenamiento sobre las características musculares en caballos de menos de 3 años y de diferentes sexos (p.e., Henckel, 1983; Ronéus y col., 1987). En nues­tro estudio, sólo incluimos caballos completamente adultos (mayores de 5 años) y del mismo sexo (se­mentales) con el fin de eludir la posible variabilidad ligada a estos 2 factores (Rivero y col., 1993; Ro­néus y col., 1993).

La escasa variación de la composición fibrilar como respuesta al entrenamiento obtenida en el pre­sente estudio, coincide con los resultados de otros estudios previos sobre caballos adultos (p.e., Hodg­son y col., 1986; Foreman y col., 1990). Sin embar­go, otros estudios, en los que se realizaron progra­mas de entrenamiento de mayor intensidad y/o duración (López-Rivero y col., 1991; Lovell y Rose, 1991), han obtenido un incremento significativo de la proporción de fibras tipo IIA/tipo IIB.

El incremento significativo de las fibras tipo I de la región profunda observado tras el entrenamiento en los caballos AN es sorprendente, puesto que la proporción de fibras tipo I/tipo II parece estar pre­determinada genéticamente (Komi y col., 1977). No obstante, otros estudios realizados con Stan­dardbreds (Henckel, 1983) y Purasangres (Ronéus y col., 1987) de 2 años también han descrito un incre­mento de fibras tipo I asociado con el entrenamien­to, pero sería comprometido atribuir esta adaptación muscular a factores ambientales, puesto que un in­cremento de fibras de contracción lenta ocurre es­pontáneamente durante el desarrollo (Ronéus y col., 1993) y con independencia del entrenamiento (Ri­vero y col., 1993). Por el contrario, otros estudios de Purasangres adultos han descrito un descenso signi­ficativo de fibras tipo I asociado con el entrenamien­to a intervalos de alta intensidad (Guy y Snow, 1977; Lovell y Rose, 1991). Aunque la conversión de fibras tipo I en tipo II, y viceversa, debida a factores externos no es inexplicable, los autores del último estudio relacionaron las variaciones obteni­das para las fibras tipo I con posibles errores de muestreo.

La tipificación histoquímica convencional de los tipos de fibras, basada en la reacción de miosín ATPasa, está determinada por la composición de las cadenas pesadas de miosina de cada tipo de fibra (Staron y Pette, 1986). Recientes investigaciones realizadas en humanos utilizando técnicas de inmu­nocitoquímica en combinación con la técnica histo­química tradicional de miosín ATPasa han revelado discrepancias substanciales entre ambas metodolo­gías (Klitgaard y col., 1990). Estos estudios han identificado la coexistencia de diferentes cadenas pesadas de miosina en fibras musculares aisladas. Dado que el tipo de cadena pesada cíe miosina pre­dominante en una fibra muscular es la que determi­na su reacción histoquímica (Danielli–Beto y col., 1986), es posible que la técnica de miosín ATPasa no sea lo suficientemente sensible como para reve­lar alteraciones substanciales en la expresión de las diferentes isoformas de las cadenas pesadas de mio­sina en las fibras musculares (Sinha y Rose, 1993). Por consiguiente, es posible que la histoquímica tradicional, basada en la reacción de miosín ATPa­sa, no sea adecuada para caracterizar cambios im­portantes en la composición de los tipos de fibras musculares en atletas asociados con el entrenamien­to.

El incremento (aunque sólo significativo para los caballos Aa) del porcentaje de fibras tipo IIB oxida­tivas y el correspondiente descenso de fibras tipo IIB no oxidativas observados tras el entrenamiento en la región superficial del músculo, pero no en la región profunda, indican que una mayor proporción de fibras tipo IIB fue reclutada en la región superfi­cial en comparación con la profunda. Este hallazgo fortalece, aún más, nuestra hipótesis sobre la segre­gación funcional del músculo gluteus medius equi­no. Así, la región superficial del músculo interven­dría prior¡ tariamente en las actividades dinámicas de más alto nivel, puesto que las fibras tipo IIB son reclutadas cuando incrementa la intensidad y/o du­ración del ejercicio (Valberg, 1986). Las sesiones de trabajo a intervalos, con algunos componentes de alta intensidad, que fueron incluidas en las 3 últimas semanas del programa de entrenamiento, podrían ser responsables de esta adaptación muscular. Un incremento de la capacidad oxidativa dentro del algunas fibras tipo IIB asociado con el entrenamien­to como el observado en nuestro estudio, ha sido previamente reportado (Hodgson y col., 1986; López-Rivero y col., 1991), y es compatible con el incremento en la proporción de fibras de contrac­ción rápida y alta capacidad oxidativa (tipo FTH) y el descenso de fibras de contracción rápida y baja capacidad oxidativa (tipo FT) obtenidos en algunos estudios previos (Guy y Snow, 1977; Sinha y col., 1991).

Adaptaciones con el desentrenamiento

Parte de los escasos cambios musculares significa­tivos observados en el presente estudio como res­puesta al entrenamiento persistían después de 3 me­ses de inactividad. Otros estudios previos también han descrito un remanente de las adaptaciones his­toquímicas del músculo equino durante períodos de desentrenamiento que oscilaron entre 5 y 12 sema­nas. (Guy y Snow, 1977; Foreman y col., 1990; Sinha y col., 1991). Al amparo de estos resultados, parece ser que los caballos responden de un modo diferente que los humanos a los períodos de des­entrenamiento, al poder conservar parte de sus adap­taciones musculares al entrenamiento durante un mayor período de inactividad o de mínima estimu­lación física. Este hecho tiene implicaciones prácti­cas, puesto que, por muy diversos motivos (reposo entre temporadas, lesiones, transporte, etc.), es fre­cuente interrumpir el entrenamiento de los caballos durante algunas semanas (Linder y col., 1992). Con mínimas sesiones de trabajo, el animal puede recu­perar su forma física previa.

Se concluye que el estímulo del entrenamiento aplicado en el presente estudio no fue lo suficiente­mente elevado como para provocar cambios signifi­cativos extremos de la composición fibrilar del mús­culo, cuando es establecida mediante técnicas histoquímicas convencionales basadas en la reac­ción de miosín ATPasa. Las escasas adaptaciones de la población fibrilar del músculo al entrenamien­to no son las mismas en caballos AN, AR y Aa, sino que cada una de estas razas, dependiendo de sus potenciales atléticos responde de una forma pecu­liar. Por medio de la combinación de las técnicas histoquímicas tradicionales (miosín ATPasa) y las modernas técnicas de inmunocitoquímica y electro­foresis en fibras aisladas, encaminadas a examinar la estructura molecular de la miosina, será posible, en un futuro cercano, comprender mejor la comple­jidad estructural del tejido muscular esquelético, su capacidad real de adaptación a diferentes estímulos tales como el entrenamiento, y la contribución de tales modificaciones al rendimiento atlético.

Agradecimientos

El estudio ha sido posible gracias a la colaboración de la Jefatura Superior de Cría Caballar, a través del 2° Depósito de Sementales de Jerez de la Frontera (Cádiz).

Referencias

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Recibido el 27 de mayo de 1993, aprobado el 20 de septiembre de 1993.