Antecedentes generales

Tradicionalmente, el Diagnóstico Anatomopatoló­gico de los tumores de los animales se ha basado en las características histopatológicas de los tejidos examinados con técnicas tintoriales corrientes, como la hematoxilina y eosina, siendo fundamental la experiencia del Patólogo para su clasificación y pronóstico. En forma rutinaria, del 5 al 10% de los tumores presentan problemas de diagnóstico dife­rencial (Osborn y Weber, 1983), ya sea debido a sus características histopatológicas de difícil interpreta­ción, o a que no han sido diagnosticados previamen­te en los animales, y por tanto, no están reconocidos por la Organización Mundial de la Salud (1974; 1976) en su clasificación de los tumores de los animales domésticos. El desarrollo de técnicas in­munohistoquímicas (IHQ) aplicables a cortes de tejidos procesados de forma rutinaria ha supuesto uno de los avances más importantes que ha tenido lugar en la Anatomía Patológica diagnóstica en los últimos 30 años, y en la presente revisión de preten­de resaltar especialmente el interés de su aplicación en la Oncología Veterinaria.

Estas técnicas se empezaron a utilizar en Patolo­gía Animal fundamentalmente para la identificación de microorganismos infecciosos (Haines y Clark; 1991), lo que contrasta fuertemente con la aplica­ción prioritaria en la Patología Humana, donde se vienen utilizando desde hace varios años en el diag­nóstico de neoplasias (LÓPEZ y col., 1991). Su prin­cipal interés de aplicación en este campo está rela­cionado con la identificación de la estirpe de los tumores indiferenciados y de micrometástasis no reconocibles con tinciones convencionales en gan­glios linfáticos u otros tejidos (LÓPEZ y col., 1991). Sin embargo, en los últimos años, también se han reportado numerosos trabajos sobre la aplicación de técnicas IHQ en el diagnóstico de los tumores de los animales (Haines y Clark, 1991), especialmente en los animales de compañía como el perro y el gato.

El progreso de las técnicas IHQ desde sus co­mienzos ha sido notable. Actualmente, las técnicas que se consideran más avanzadas son las técnicas puente como la técnica de la Peroxidasa-Anti-Pero­xidasa (PAP) (Sternberger y col., 1970) y la del Complejo Avidina-Biotina (ABC) (Hsu y col., 1981). Esquemáticamente, dichas técnicas están ba­sadas en la unión específica de un anticuerpo con un antígeno tisular, seguida de una serie de procedi­mientos dirigidos a hacer visible la reacción. Por otra parte, el desarrollo de anticuerpos específicos, tanto policlonales como monoclonales (Kohler y Milsten, 1975) en forma comercial, ha supuesto un gran impulso en el uso de estas técnicas. En la actualidad se utilizan paneles de anticuerpos poli­clonales/monoclonales para determinar el perfil an­tigénico de los tumores. Los paneles consisten, bá­sicamente, en la aplicación consecutiva de 3 a 4 anticuerpos que permiten clasificar el tumor en al­gún grupo antigénico determinado que condiciona, a su vez, los anticuerpos más específicos a utilizar a continuación con el fin de conseguir un diagnóstico conclusivo.

Principales estirpes tumorales detectados por técnicas inmunohistoquímicas

Los antígenos a detectar de forma inicial en una neoplasia indiferenciada son aquellos que permiten identificar la estirpe de las células tumorales: epite­lial, conjuntiva, muscular, hemática y nerviosa. La detección de antígenos mesenquimales (que inclu­yen las estirpes conjuntivas, hemáticas y muscular) suele emplearse inicialmente junto con los antíge­nos epiteliales.

1. Antígenos Epiteliales

Existen numerosos antígenos que se utilizan para demostrar la estirpe epitelial de distintas poblacio­nes celulares neoplásicas. El antígeno de membrana epitelial (EMA) y el antígeno del glóbulo de grasa de la leche humana (HMFG) son útiles en el diag­nóstico de tumores indiferenciados y en la identifi­cación de micrometástasis en nódulos linfoides y médula ósea o de células tumorales en fluidos sero­sos (Sloane y col., 1984). Los anticuerpos contra el EMA dan positividad en las células epiteliales de la mayoría de los tumores malignos de glándula ma­maria, así como de ovario, útero, intestino (Sloane y Ormerod, 1981), estómago, pulmón, próstata, híga­do y tiroides (Pinkus y Kurtin, 1985). Por el contra­rio, en los tumores endocrinos no se ha encontrado reactividad. Aunque estos antígenos son propios de los tejidos epiteliales y de sus tumores, no todos se expresan de forma homogénea (Thomas y Battifora, 1987). Además, los datos conocidos hasta el mo­mento se refieren de forma casi exclusiva a la espe­cie humana.

Las citoqueratinas (CQ) son los antígenos epite­liales que se expresan de forma más homogénea en los tumores de naturaleza epitelial, es decir, que todos los tumores epiteliales contienen CQ detecta­bles por técnicas IHQ (Osborn y Weber, 1982; Os­born y Weber, 1983; Virtanen y col., 1985; Schliwa, 1986). Las CQ son filamentos intermedios constitu­yentes del citoesqueleto de las células epiteliales, y forman una familia de proteínas de 20 tipos distintos con pesos moleculares que oscilan entre los 40 y los 70 Kd (Moll y col., 1982). Las CQ se pueden clasi­ficar en dos grupos: CQ ácidas (Tipo I, pH 4, 5–5, 5) y las CQ neutras a básicas (Tipo II, pH 6, 5–7, 5). Cada CQ ácida forma pareja con una CQ básica y cada pareja de CQ es característica de un determina­do tipo de apitelio (Moll y col., 1982; López y col., 1991). Así, las CQ de elevado peso molecular se expresan en la mayoría de los epitelios estratifica­dos, y en los carcinomas escamosos (Figura 1); las de bajo peso molecular, por el contrario, son especí­ficas de los epitelios simples, y de los adenocarcino­mas, como se ha visto también en tumores de cani­nos y felinos (Hellmén y Lindgren, 1989; Moore y col., 1989; Sandusky y col., 1991; Ivanyi y col., 1992). Se han desarrollado anticuerpos frente a mu­chas CQ: unos son de amplia reactividad y recono­cen gran variedad de CQ, mientras que los otros son de especificidad baja y sólo reconocen una o un grupo muy reducido de ellas (Broers y col., 1986; Leader y col., 1986; Angus y col., 1987; Battifora, 1988).

Figura 1. Carcinoma epidermoide bien diferenciado de gato. Se observa positividad (punta de flecha) en algunas células de los nidos neoplásticos. Suero anti-queratina (Eurodiagnostics B.V. Países Bajos) contrateñido con hematoxilina. Aum. 200X.

2. Antígenos Mesenquimales

La vimentina, es una molécula de 57 Kd de peso molecular, y es el antígeno mesenquimal común en todas las células de esta estirpe: fibroblastos, células endoteliales, condrocitos, histiocitos, y algunas cé­lulas musculares lisas, constituyentes de paredes vasculares. Aunque los filamentos de este tipo pue­den aparecer por todo el citoplasma, lo más frecuen­te es encontrarlos en íntima asociación con la envol­tura nuclear, al cual presta apoyo mecánico. En aquellas células que contienen más de un filamento intermedio, la vimentina es siempre uno de ellos. De este modo se puede encontrar junto a la desmina en las células musculares lisas de los vasos (Fawcett, 1992). En cuanto a los tumores, la vimentina está presente en todos los sarcomas de tejidos blandos, por lo que puede considerarse como un marcador general para los sarcomas (Miettinen y col., 1982; Ramaekers y col., 1983) (Figura 2), pero lamenta­blemente, la vimentina no sólo se puede demostrar en los sarcomas, sino que está también presente en los melanomas, los linfomas, los mesoteliomas (Ra­maekers y col., 1983; Caselitz y col., 1983; Battifo­ra, 1988), los astrocitomas (Moore y col., 1989), los schwanomas (Hellmén y Lindgren, 1989; Moore y col., 1989) y en algunos carcinomas como los rena­les (Holthófer y col., 1983; Listron, 1989), y los endometriales (Dabbs y col., 1986; Azumi y Batti­fora, 1987; Listron, 1989). Su validez como marca­dor tumoral ha sido ya comprobada en distintas series de tumores animales como fibrosarcoma ca­nino (Andreasen y col., 1988; Cardona y col., 1989; Rabanal y col., 1989), osteosarcoma canino (An­dreasen y col., 1988; Moore y col., 1989), rabdo­miosarcoma canino y felino (Moore y col., 1989; Martín de las Mulas y col., 1992), leiomiosarcoma canino (Moore y col., 1989), hemangiosarcoma y hemangioperic¡toma canino (Cardona y col., 1989; Moore y col., 1989), melanoma maligno canino (Andreasen y col., 1988; Rabanal y col., 1989) e histiocitoma canino (Andreasen y col., 1988).

Figura 2. Sarcoma de células gigantes de gatos. Tanto las células multinucleadas (punta de flecha) como algunas de las células elongadas (flecha) de la masa neoplasica son intensamente positivas. Suero anti-vimentina (Eurodiagnostics B.V. Países Bajos) contrateññido con hematoxilina. Aum. 200X.

3. Antígenos Musculares

Existen varios marcadores musculares, particular­mente las actinas (Busolatti y col., 1980), la mioglo­bina (Brooks, 1982), las miosinas (De Jong y col., 1984), y la desmina (Osborn y Weber, 1983). Entre ellos hay algunos que son específicos del tejido muscular estriado (mioglobina, activa y miosina) o liso (activa y miosina). La desmina es un marcador no específico, pero tiene un papel muy importante en el diagnóstico de los rabdomiosarcomas poco diferenciados y, en menor medida, de los leiomio­sarcomas (Osborn y Weber, 1983).

Las actinas son proteínas que constituyen micro­filamentos de 6 nm de diámetro y están presentes en todos los tipos de células (Lazarides y Weber, 1984); sin embargo, según la célula en la que se encuentren, varían en su secuencia de aminoácidos y pueden ser separadas por electroforesis en 6 isoti­pos distintos, que tienen todos un peso molecular de 42 Kd (Vandekerckhove y Weber, 1978). Dentro de las principales actinas se encuentran las actinas alfa, presentes en las células musculares, las beta que están presentes en las células no musculares y las gamma que pueden presentarse en ambas. La expre­sión de las actinas en las células musculares estria­das y lisas es diferente, por eso los anticuerpos creados frente a ellas pueden servir no sólo para diagnosticar tumores de tipo muscular sino también para especificar si es de fibras estriadas o lisas (Tsukada y col., 1987a; Tsukada y col., 1987b).

La mioglobina, hemoproteína transportadora de oxígeno de las células estriadas, es uno de los mar­cadores más antiguos de los rabdomiosarcomas (Mukai y col., 1979). Da reacción positiva con los rabdomioblastos diferenciados pero no con los indi­ferenciados; al respecto, hay autores que establecen que todos los rabdomiosarcomas son positivos a la mioglobina, incluidos los indiferenciados (Kind­blom y col., 1982a), pero la mayoría sólo citan positividad en dos tercios de los tumores malignos de músculo estriado (Corson y Pinkus, 1981; Brooks, 1982).

La desmina es una proteína de 53 Kd de peso molecular que forma el citoesqueleto de las células musculares lisas, esqueléticas y cardiacas. En el músculo estriado, une lateralmente entre si las mio­fibrillas. En el músculo liso, los filamentos de des­mina forman una red tridimensional que enlaza en­tre su los cuerpos densos y además están también alrededor de las placas densas distribuidas por la cara interna de la membrana celular. De este modo, en los tres tipos de células musculares, los filamen­tos de desmina proporcionan una red citoesqueléti­ca para la inserción e integración mecánica de las proteínas contractiles (Osborn y Weber, 1983; Faw­cett, 1992). Su papel en la identificación de los rabdomiosarcomas es muy importante (Figura 3), porque este tipo de tumores no siempre presentan las estriaciones típicas que sirven para caracterizar­los, y pueden confundirse con otros tumores como carcinomas y linfomas, sobre todo cuando presentan formas celulares pequeñas poco diferenciadas. Los primeros que describieron la presencia de desmina en cortes tisulares de un rabdomiosarcoma fueron Gabiani y col., en 1981. Después, este dato ha sido confirmado ampliamente por otros autores, tanto en tumores humanos como animales (Altmannsberger y col., 1985; Listrom, 1989; Desnoyers y col., 1990; Martín de las Mulas y col., 1992).

Figura 3. Sarcoma pobremente diferenciado de perro. La positividad con el suero anti-desmina (flecha), que identificó incluso rabdomiblastos aislados (punta de flecha), confirmó la sospecha de rabdomiosarcoma. Suero anti- desmina (Eurodiagnostics B.V. Países Bajos) contrateñido con hematoxilina. Aum. 400X.

La desmina también se ha encontrado en los leiomiosarcomas, pero no es un marcador tan homo­géneo de este tipo tumoral como lo es del rabdomio­sarcoma, ya que bastantes leiomiosarcomas pueden ser desmina negatiVOS, sobre todo cuando son pro­bremente diferenciados (Evans y col., 1983). Su utilidad ha sido ensayada en muy escaso número de tumores caninos (Desnoyers y col., 1990).

4. Antígenos Leucocitarios

Los anticuerpos frente al Antígeno Leucocitario Co­mún (ALC) de la especie humana son específicos para la mayoría de las células linfoides, excepto de las células plasmáticas (Warnke y col., 1983). Tam­bién se ha encontrado en la mayoría de las prolife­raciones linfoides neoplásicas, salvo en los mielo­mas, en algunos casos de linfomas linfoblásticos y en las células de Reed-Sternberg. El antígeno leuco­ citario CD45, que es el usado en patología humana de forma más general, no da reacción cruzada con los antígenos de los leucocitos caninos (Sandusky y col., 1987).

Aparte de este ALC, se dispone ya de anticuerpos que reconocen linfocitos B (MB1, MB2 y, L26), que junto con los marcadores de los linfocitos T (UCHLI y MTl ), juegan un papel importante en la clasificación de los linfomas en la especie humana (Norton y Isaacson, 1986). En perros, se han utiliza­do de forma aislada anticuerpos frente a cadenas ligeras kappa y lambda para diagnosticar linfomas de tipo B, pero su uso no está aún generalizado (Sandusky y col., 1987).

5. Antígenos de Tejido Nervioso

Los neurofilamentos están constituidos por tres po­lipéptidos principales (210, 160 y 68 Kd). Están presentes en el pericarion, las dendritas y el axón de las neuronas, y tienden a distribuirse uniformemente y orientarse paralelamente al eje longitudinal de las prolongaciones de la célula, de esta forma parecen proporcionar un soporte inteno a las largas expan­siones de las células nerviosas y probablemente juegan un papel esencial en mantener el citoplasma en estado de gel (Fawcett, 1992). Los neurofilamen­tos tienen importancia en el diagnóstico de neuro­blastomas, ganglioneuromas, astrocitomas, ependi­momas, glioblastoma multiforme, oligodendrogliomas (Ghadialy, 1988; Lehto y Pon­tén, 1989), y algunos neuroendocrinomas, como el carcinoma de células de Merkel de la piel en el hombre (Ghadialy, 1988).

También existen otros filamentos intermedios en el tejido nervioso, localizados en células no neuro­nales como son los astrocitos, los oligodendrocitos y la microglía. Estos filamentos están constituidos por una proteína ácida fibrilar glial (GFAP), que es un polipeptido de 51 Kd (Fawcett, 1992). Los fila­mentos gliales también los expresan los g1 lomas de astrocitos llamados 'espongioblastomas' (Gha­dialy, 1988), pero fundamentalmente, los anticuer­pos GFAP han servido para la identificación de gliomas en lugares inusuales y también para el dig­nóstico diferencial entre tumores gliales y no gliales (Lehto y Pontén, 1989).

La Enolasa Neuronal Específica (NSE) es una gammaisoenzima de la enzima enolasa glicolítica. Fue originalmente considerada específica para neu­ronas y células - APUD (Lehto y Pontén, 1989). Ha sido encontrada en neoplasias neuroendocrinas, in­cluidos los neuroblastomas de los animales (Haynes y Leininger, 1984; Ribas, 1990; Martín de las Mulas y col., 1991). La Sinaptofisina es una glicoproteína de membrana que se encuentra en vesículas presi­nápticas de neuronas tanto del SN central como del SN periférico, médula adrenal y otras células neu­roendocrinas como los islotes pancreáticos. Se con­sidera como un marcador muy sensible y altamente específico de poblaciones neuroendrocrinas norma­les y transformadas (Gould y col., 1986) habiéndose comprobado también su utilidad en neoplasias ani­males (Martín de las Mulas y col., 1991). La proteína básica de mielina se presenta en las células de Schwann y en tumores derivados de las mismas. Su uso es de gran utilidad para distinguir los schwan­nomas de los melanomas (LÓPEZ y col., 1991).

La proteína S-100 es una proteína ácida de fun­ción no conocida que fue originalmente descrita en cerebro bovino y denominada de esta forma porque presentaba una solubridad del 100% en sulfato amó­nico neutro. Es una molécula de 21 Kd de peso molecular que puede ser considerada como un homo o heterodímero con dos subunidades altamente ho­mólogas,alfa y beta (Isobe y col., 1981). La mayoría de las observaciones IHQ sobre la proteína S-100 se basan en sueros sin ninguna especificidad definida de subtipo. Los anticuerpos monoclonales, que re­conocen aparentemente distintos epítopos comunes de ambas subunidades, producen patrones de inmu­notinción diferentes a pesar de tener propiedades inmunológicas similares (Vanstapel y col., 1986). Sin embargo, el significativo diagnóstico de estos subtipos específicos de anticuerpos no se ha estable­cido aún.

Los estudios realizados con anticuerpos policlo­nales de proteína S–100 han demostrado su presen­cia en células filiales centrales y periféricas, y en melanocitos (Nakajima y col., 1982). Además pue­de encontrarse en el citoplasma de estas células, y también en el núcleo.

Principales tipos celulares reconocidos por técnicas inmunohistoquímicas

Una vez identificada la estirpe celular, se pueden utilizar también las técnicas IHQ para reconocer tipos celulares específicos. Los antígenos que se detectan más comúnmente son los endoteliales, y los histiocitarios.

1. Antígenos Endoteliales

El antígeno usado más ampliamente como marcador de células endoteliales es el antígeno relacionado con el factor VIII (F VIII-RAg), también conocido como factor de Von Willebrand. Esta proteína es una gran molécula de 1000 Kd de peso molecular que sintetizan las células endoteliales y que forma parte del complejo VIII del sistema de la coagula­ción (Jaffe, 1977).

Los anticuerpos contra el Factor VIII-RA marcan las células endoteliales de los vasos sanguíneos y linfáticos normales (Svanhdm, 1984) y, al menos, algunas células endoteliales neoplásicas. Los perici­tos no presentan positividad (Jurco y col., 1982), ni tampoco los endotelios que están formándose de nuevo, y los hemangiosarcomas pobremente dife­renciados son frecuentemente negativos. Este antí­geno es sensible a los procesos de fijación y des­hidratación (Van Pelt-Verkuil y Emenis, 1981) y las muestras de tejidos deben someterse a un tratamien­to previo con una proteasa cuando se hacen estudios IHQ. La sensibilidad de este marcador es variable y se citan porcentajes del 80 al 90% de positividad de sarcomas de células endoteliales humanos (Guarda y col., 1982). En el perro, los datos relativos a su utilidad como marcador de células endoteliales en tumores vasculares son escasos y contradictorios (Rabanal y col., 1989; Mozos y col., 1991). Pero recientemente, se ha descrito el uso del anticuerpo monoclonal CD-31 en material fijado procedente de neoplasias caninas, con mejores resultados que el factor von Willebrand (Ferrer y col., 1993).

Entre los marcadores de células endoteliales se encuentra también el 'Ulex europeaux I' o aglutini­na I (UEAI), que es una lecitina que se obtiene del alga Ulex europeus y que se une específicamente a la sustancia H de los grupos sanguíneos. En un estudio comparativo para determinar la utilidad de los marcadores endoteliales, Ordóñez y Batsakis (1984) encontraron que el UEAI es más sensible que el factor vire en la especie humana, pero su especificación es menor, ya que puede unirse al moco producido por los tumores epiteliales (Alrroy, 1988), y además, hay células endoteliales, como las de los sinusoides hepáticos, que son negativas a este marcador (Hólthófer y col., 1982). El UEAI no es un buen marcador de tejidos caninos en general, ni de células endoteliales en el perro en particular (Castagnarco y Canese, 1991), po lo que no se utiliza como marcador en esta especie.

En la especie humana, se han utilizado otros dos anticuerpos monoclonales, pero se desconoce su uso en las especies domésticas. Estos anticuerpos reconocen determinantes antigénicos específica­mente presentes sobre endotelios de vasos sanguí­neos (Cui y col., 1983; Schlingemann y col., 1985), y no se unen a pericitos, así como tampoco dan reacción cruzada con los receptores del F VIII RAg o el UEAI, pero ellos sólo pueden ser usados en cortes por congelación.

2. Antígenos Histiocitarios

Los antígenos histiocitarios más usados como mar­cadores tumorales son de tipo enzimático: lisozima, alfa 1 antitripsina y alfa 1 antiquimotripsina (Roholl y col., 1985a). La lisozima es el marcador histioci­tario más conocido pero no el más útil. La lisozima es una enzima antibacteriana natural que se encuen­tra en la lágrima y en algunos otros fluidos corpora­les donde puede lisar la pared bacteriana. Está pre­sente en notable cantidad en los granulocitos y en los histiocitos. Estas células normales muestran po­sitividad a la lisozima de forma variable, igual que ocurre en las células neoplásicas de tumores histio­citarios como el fibrohistiocitoma maligno. Así, en general sólo una minoría de los fibrohistiocitomas son positivos a la lisozima (Kindblom y col., 1982b; Roholl y col., 1985a). La incidencia de este tipo tumoral es poco conocida en el perro (Moulton, 1990), pero los escasos estudios con anticuerpos antilisozima en histiocitomas caninos, tumores de supuesta estirpe histiocitaria, han dado resultados poco satisfactorios (Sandusky y col., 1987; Thoolen y col., 1992).

Los mejores resultados en el reconocimiento de los fibrohistiocitomas en la especie humana se han conseguido con anticuerpos frente a la alfa-1-anti­tripsina y la alfa-1-antiquimotripsina. Casi todo los casos estudiados fueron positivos (Kindblom y col., 1982b; Roholl y col., 1985b). Sin embargo, se ha encontrado que estas enzimas también se expresan en otros muchos tipos de lesiones no histiocíticas, tales como los carcinomas, los melanomas, los lin­fomas, y los sarcomas (Meister y Nathrath, 1981; Soini y Miettinen, 1988), así como algunos rabdo­miosarcomas y algunos liposarcomas. Las razones de la extensa presencia de alta-1-antitripsina y alfa­-1-antiquimotripsina en tan diferentes proliferacio­nes neoplásicas no se conocen completamente. En el perro sólo se han realizado estudios aislados con estos marcadores, con resultados discrepantes (San­dusky y col., 1987; Thoolem y col., 1992).

3. Papel de la Proteína S-100

Fuera del sistema nervioso, la distribución de la proteína S-100 es amplia, pero los patrones de dis­tribución no son todavía claros. Puede encontrarse en las células de Langerhans y en las células reticu­lares de los nódulos linfáticos (Cocchia y col., 1981; Takahashi y col., 1981), en condrocitos, en algunos adipocitos, y en células mioepiteliales de varias glándulas como las mamarias, las sudoríparas, las salivares y los acinos serosos de las bronquiales (Nakajima y col., 1982; Kahn y col., 1983).

Los estudios realizados con la proteína S-100 en la patología tumoral han revelado positividad en la mayoría de los schwanomas (Nakajima y col., 1982; Steffansson y col., 1982; Weiss y col., 1983), mien­tras que en los schwanomas malignos, la expresión de la proteína S-100 parece estar marcadamente reducida (Weiss y col., 1983; Daimaru y col., 1985) o ausente (Stefansson y col., 1982). Un estudio realizado sobre los anticuerpos de subunidades es­pecíficas sugiere que la composición de las subuni­dades de la proteína S-100 en los schwanomas ma­lignos puede diferir de la de los benignos. Así, la subunidad alfa no se encontraba en los tumores benignos, pero sí en los malignos (Takahashi y col., 1984).

La proteína S-100 no sólo se encuentra en los tumores del Sistema Nervioso sino también en otros tejidos tumorales. Así, se admite con firmeza que los melanomas muestran positividad para esta pro­teína (Nakajima y col., 1982; Kahn y cola, 1983). La proteína S-100 puede emplearse para diferenciar los melanomas amelanóticos malignos -positivamen­te teñidos- de carcinomas anaplásicos y de sarco­mas anaplásicos -no teñidos- (Nakajima y col., 1982; Kahn y col., 1983; Weiss y col., 1983). De acuerdo con la presencia proteína S–100 en el cartí­lago normal, también se ha encontrado positividad en los tumores cartilaginosos y en el componente cartilaginoso de los tumores óseos (Cocchia y col., 1981). Además, es frecuente encontrar también po­sitividad a la S-100 en los liposarcomas (Cocchia y cols., 1983; Hashimoto, 1984) (Figura 4).

Figura 4. Liposarcoma moderadamente diferenciado de perro. Se observa inmunorreactividad a nivel de los núcleos (flecha) y de los citoplasmas (punta de flecha) de algunas células tumorale. Suero anti- proteína S-100 (DAKO. Corp. Burlingame, California, USA). Aum. 400X.

En resumen, la proteína S-100 es un marcador fiable de las células tumorales de los schwanomas benignos y de los melanomas malignos, e incluso de los liposarcomas en la especie humana. En el perro sólo se ha hecho estudios aislados que parecen con­firmar su utilidad en este sentido, como es el caso del estudio de Ferrer y col. (1990), en el que se investiga la presencia de proteína S-100, además de otros antígenos, en las glándulas sudoríparas apocri­nas de perros en tejidos normales y neoplásicos usando una técnica de inmunoperoxidasa. Estos au­tores han observado que la proteína S-100 es un fiel marcador de las células mioepiteliales.

4. Papel del Antígeno Carcinoembrionario (CEA)

El CEA es un antígeno que se expresa fuertemente en la mucosa del colón de embriones humanos, así como en carcinomas del tracto gastrointestinal, por lo que fue considerado como un marcador específi­co para carcinomas de colon en la especie humana (Gold y Freedman, 1965), pero posteriormente se ha visto, que también se expresa en colon normal y en neoplasias de pulmón, páncreas, glándula mamaria, por lo que actualmente tiene un uso reducido a ciertos tumores del pulmón y del ovario (Pavelic y col., 1991).

5. Alfa-fetoproteína

Al igual que el CEA, se considera un antígeno oncofetal, es decir que lo presentan tejidos fetales y algunos tumores. La alfa–fetoproteína se presenta en carcinomas hepatocelulares, por lo que resulta útil para diferenciar estos de metástasis y carcinomas colangiocelu1ares (Brumm y col., 1989).

Consideraciones finales

Si bien es cierto que durante la descripción de los principales antígenos de utilidad para el diagnóstico de tumores, se ha mencionado que ellos han sido ampliamente utilizados en el hombre y que se han realizado numerosas experiencias con magníficos resultados para las especies domésticas, no se puede dejar de advertir que estas técnicas también presen­tan algunas limitaciones como la aparición de falsos negativos debido a mala fijación, manejo defectuo­so de los cortes, enmarcaramiento antigénico o es­casa cantidad de antígeno. La presentación de falsos positivos puede ser consecuencia de uniones no inmunológicas, pobre especificidad del anticuerpo o reacciones cruzadas (López y col., 1991). Por otra parte puede haber errores de interpretación debido a difusión antigénica o la presencia de células ajenas a la neoplasia atrapadas dentro del proceso.

El número creciente de biopsias con procesos neoplásicos observados en nuestros laboratorios de diagnóstico, así como la demanda de diagnósticos más precisos, nos hacen pensar en la necesidad de contar con paneles de anticuerpos para técnicas IHQ que nos permitan clasificar los tumores y realizar un adecuado pronóstico de las neoplasias.

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Recibido el 7 de julio de 1993.