Introducción

Los variados estudios de tipo demográfico que se han efectuado en poblaciones caninas, tanto en el país como en el extranjero, muestran la importancia que a esta especie se le ha otorgado por su estrecha relación con el ser humano, relación que presenta fuertes implicancias de orden sanitario y afectivo.

Estos trabajos han estimado tamaño de población, estructura por edad, sexo y raza, relación hombre/perro, fecundidad y mortalidad. Entre los diferentes trabajos se observan resultados muy heterogéneos en las variables mencionadas.

En el país, la población canina ha sido estudiada entre la Tercera y Décima Región. La mayoría de los trabajos ha analizado la estructura poblacional en sectores urbanos (Caniullán, 1967; De Ugarte, 1967; Montenegro, 1968; Rivera, 1975; Andrade, 1979; Martín y col., 1982; González, 1981; Toro, 1982; Ojeda y col., 1984; Topp, 1985); otros en sectores urbano-rural (Ahumada, 1968; Loyola, 1968), habiéndose realizado un único trabajo en un sector típicamente rural (Aedo, 1976). En la Región Metropolitana la población canina se ha estudiado sólo en el área urbana conocida como el Gran Santiago (Montes, 1965; Matus y col., 1974), desconociéndos las características demográficas de la población canina del sector rural. Por otra parte, reviste un alto interés contar con información demográfica de ella, ya que se parte del supuesto que dichas características en esta especie se presentan en forma diferente en el sector rural, considerando que el perro se puede desenvolver con un amplio grado de libertad en este ambiente. Más aún, es necesario reconocer la participación de la especie canina no sólo en la transmisión de zoonosis, sino también en la de enfermedades parasitarias o infecciosas a otras especies de animales domésticos, con las consiguientes consecuencias económicas y sanitarias.

Material y métodos

De un listado, ordenado por comunas, que contenía el total de predios con ganado vacuno y el número total de propietarios por predio, se eligió, mediante muestreo sistemático, un 25% de los propietarios de ganado vacuno que poseían vivienda en el predio. Este estudio se realizó en el sector nororiente de la Región Metropolitana que comprendía las comunas de Curacaví, Colina, Conchalí, Til-Til, Lampa, Pudahuel, Quilicura, Renca, Las Condes y Nuñoa.

Se utilizó el método de encuesta, para lo cual se diseñó un formulario que fue aplicado por medio del procedimiento de la entrevista. Esta entrevista fue realizada por un único encuestador, garantizando así la uniformidad de la información, especialmente en lo referente al nivel socioeconómico, cuya clasificación dependía principalmente de la observación directa de la vivienda del propietario del perro.

Se registró la siguiente información sobre los perros: lugar de nacimiento, edad del animal, sexo, raza, grado de confinamiento, razón de la tenencia, mortalidad y migración.

Se construyó un indicador del nivel socioeconómico del propietario del perro de acuerdo a 6 va­riables: tipo de vivienda, calidad de la vivienda, abastecimiento de agua, categoría del propietario dentro de la rama agrícola, nivel educacional y tenencia de la tierra. Se asignó puntajes a las dife­rentes variables, el puntaje máximo total se dividió en cuartiles, determinándose por lo tanto 4 niveles o grupos socioeconómicos, niveles en los cuales fueron ubicados los propietarios según el puntaje alcanzado por cada uno de ellos.

Resultados y discusión

De acuerdo al cuadro 1, la población canina exis­tente en las 222 viviendas de propietarios de ganado bovino fue de 641 perros, determinando un prome­dio de 2,89 perros por vivienda con una desviación típica de 1,88. La cantidad de perros por vivienda fue muy variable, fluctuando entre 0 y 14 perros, observándose que la mayoría de éstas (54%) tenía 2 perros, o 3 (22,07% de ellas). La comuna con mayor número de perros por vivienda fue Pudahuel y con menor Conchalí. El promedio de 2,88 perros por vivienda observado, junto con el comunicado por Aedo (1976) en el sector rural de Máfil, es superior al valor que se presenta en áreas urbanas de 0,74 perros promedio (Matus y col., 1974); 0,65 en Valparaíso (Ugarte, 1967); 0,77 en localidades urbanas menores de 8.500 habitantes en Valdivia (Rivera, 1975); 0,36 en Chillán (Andrade, 1979); 0,57 en Concepción (Vargas, 1985). Las razones que determinan una mayor presencia de perros por vivienda, podrían ser: un menor control de la hem­bra canina en el campo, lo que significa un mayor número de descendientes; los mayores espacios que dispone el animal en el área rural y una mayor presión por alimentos en el área urbana, ya que el perro no cuenta con alternativas de fauna silvestre que se posee en el área rural.

CUADRO   1 PROMEDIO DE PERROS POR VIVIENDA Y DENSIDAD POBLACIONAL CANINA POR COMUNA, SECTOR NORTE, ÁREA METROPOLITANA

Comuna

N° de viviendas

N° de perros

Prom. perros por vivienda

Sup. há encuestadas

Perros por hectárea

Curacaví

72

182

2,52

20.115,6

0,009

Colina

46

153

3,32

14.287,6

0,010

Conchalí

7

16

2,28

363,5

0,044

Til-Til

18

49

2,72

14.904,1

0,003

Lampa

36

89

2,47

3.564,6

0,025

Pudahuel

17

69

4,05

2.448,0

0,028

Quilicura

9

30

3,33

240,2

0,125

Renca

10

32

3,20

328,6

0,098

Las Condes

3

11

3,66

1.362,0

0,008

Ñuñoa

4

10

2,50

67,0

0,149

-

222

641

2,89

57.681,2

0,011

En términos de densidad poblacional (cuadro 1) se obtuvo un promedio de 0,011 perros por hectárea de superficie, observándose valores más bajos en Curacaví, Til-Til y Las Condes, que corresponden a zonas con grandes extensiones de secano cordi­llerano (Curacaví y Til-Til) o bien a precordillera de los Andes, lo que determina una baja densidad poblacional humana y por lo tanto una baja densidad poblacional canina. Aedo (1976) entrega un pro­medio de 0,021 perros por hectárea.

En relación al nivel socioeconómico se puede observar en el cuadro 2, que en cualquiera de los 4 grupos el número de perros por vivienda es su­perior a 2, mostrando una diferencia notoria entre el nivel muy bueno con el malo.

CUADRO 2 PROMEDIO DE PERROS POR VIVIENDA, RAZÓN HOMBRE/PERRO Y RAZÓN DE MASCULINIDAD DEL CANINO SEGÚN NIVEL SOCIOECONÓMICO DEL PROPIETARIO

Nivel socio económico

Promedio de perros por vivienda

Razón hombre/perro

Razón macho/hembra

Muy bueno

2,13

2,09

15

Bueno

2,82

1,69

2

Regular

2,65

2,39

6

Malo

3,50

1,80

6

La razón hombre/perro según nivel socioeconó­mico fue en promedio 2,09/1 mostrando una clara diferencia con el medio urbano de la región, 18/1 (Montes, 1965); 7,4/1 (Matus y col., 1974), a su vez se aprecia gran similitud con lo observado en sectores rurales de otras regiones del país, 3,68/1 (Ahumada, 1968) y 3,3/1 (Aedo, 1976). Del cuadro 2 se desprende que no existe un efecto o tendencia según nivel socioeconómico. Tampoco se observó diferencias entre las comunas estudiadas.

La razón de masculinidad fue de 5,47/1 con marcadas variaciones entre comunas (Conchalí 15/1 y Las Condes 1,8/1). Esta gran diferencia entre el número de machos con el de hembras se presenta en forma más notoria que en el área urbana, y sería una manifestación del gran control que se ejerce sobre la población canina en las ciudades. Cifras similares se observan en otros estudios realizados en el país (Montenegro, 1968; Andrade, 1979; To­há, 1981). Se diferencia de lo obtenido en E.U.A. en que la razón macho/hembra es cercana a la unidad (Griffiths y Brenner, 1977), lo que podría atri­buirse a que en ese país la esterilización de las hembras parece ser una práctica habitual y a que se poseen más animales de raza (Cohen y col., 1959; Robinson, 1967; Franti y Kraus, 1974), lo que valora la crianza de animales de ambos sexos por la posibilidad de comercialización de las crías. En el cuadro 2 se observa que en relación al nivel socioeconómico tampoco existe una clara tenden­cia, puesto que hay una gran diferencia entre el nivel muy bueno y bueno, siendo los estratos regular y malo, iguales.

Existe una fuerte desproporción entre animales mestizos y finos, constituyendo estos últimos sólo el 9,5% de la población canina rural. En el cuadro 3 se aprecia que a medida que es más alto el nivel socioeconómico se produce un mayor equi­librio entre animales de raza y mestizos.

CUADRO 3 NÚMERO Y PROPORCIÓN DE PERROS SEGÚN RAZA Y NIVEL SOCIOECONÓMICO DEL PROPIETARIO

Nivel socioeconómico

Raza

Fino

Mestizo

%

%

Muy bueno

15

46,9

17

53,1

Bueno

28

45,2

34

54,8

Regular

15

4,7

304

95,3

Malo

3

1,3

225

98,7

Para los 636 perros de los que se obtuvo infor­mación sobre edad, el promedio fue de 2,58 años, lo que indica que la población canina es joven o que su esperanza de vida comparada con el medio urbano, donde se obtuvieron promedios cercanos a los 4 años (Montes, 1965; Matus y col., 1974), es menor. La distribución por sexo y edad (cuadro 4) muestra que aproximadamente el 40% de la pobla­ción es menor de un año. En el caso particular de las hembras más del 50% es menor de esa edad y muy pocas alcanzan edades superiores a los 3 años; esta baja sobrevida puede atribuirse a problemas de enfermedades que no son tratadas por la ausencia de atención médico veterinaria.

CUADRO  4 CANTIDAD DE MACHOS Y HEMBRAS SEGÚN GRUPOS DE EDAD

Edad (años)

Totales

Frecuencia por sexo

Machos

Hembras

%

%

%

< 1

255

39,8

200

36,8

55

56,1

1 a 2

150

23,4

126

23,2

24

24,5

2,1 a 3

81

12,6

73

13,5

8

8,2

3,1 a 4

40

6,2

35

6,5

5

5,1

4,1 a 5

41

6,4

36

6,6

5

5,1

5,1 a 6

20

3,1

20

3,7

0

0,0

6,1 y más

49

7,6

48

8,8

1

1,0

No sabe

5

0,8

5

0,9

0

0,0

En relación al tipo de confinamiento a que es­taban sometidos estos perros se encontró sólo un 6,6% de animales bajo confinamiento permanente, un 4,7% bajo confinamiento temporal y 88,8% sin confinamiento. En Máfil, Aedo (1976) obtuvo un 4,84% de confinamiento permanente y 95,16% de confinamiento temporal. En cuanto a las comunas rurales, de la Región Metropolitana se presentan valores variables entre éstas, pero en todas, sin excepción, predomina la ausencia de confinamien­to. Esto difiere sustancialmente del sector urbano donde se observó un 41% de animales en confina­miento permanente, un 33% en confinamiento temporal y un 26% sin confinamiento (Montes, 1965). Estas diferencias pueden atribuirse a que en el área rural el perro, en general, no tiene limitaciones de espacio como en el área urbana, la vivienda y el área no construida permanece abierta; en cambio, en el sector urbano las viviendas y la propiedad son cerradas, lo que permite un manejo más estricto del animal. En cuanto al nivel socioeconómico (cuadro 5), se aprecia en todos los casos una supe­rioridad de la cantidad de perros sin confinamiento, la que se acentúa en la medida que el nivel socio­económico es más bajo, hecho que estaría revelando despreocupación por parte del dueño del animal.

CUADRO  5 PERROS SEGÚN CONFINAMIENTO Y NIVEL SOCIOECONÓMICO DEL PROPIETARIO

Nivel socioeconómico

Tipo de confinamiento

Libre

Temporal

Permanente

%

%

%

 Muy bueno

20

62,5

9

28,1

3

9,4

 Bueno

44

71.0

0

0.0

18

29.0

 Regular

286

89,7

16

5.0

17

5,3

 Malo

220

96,4

4

1,8

4

1,8

De acuerdo a los resultados del cuadro 6 se puede afirmar que la mayoría de los propietarios de ganado bovino tienen perros con la finalidad que les sirva de guardián (43,8% del total); el segundo motivo de tenencia es la asociación de funciones trabajo y guardián, con un 25,4%, lo que indicaría que la gran parte de los perros tienen una finalidad utili­taria por sobre la finalidad de agrado (10,5%) o deportiva (8,7%). Comparados estos resultados con el área urbana (Matus y col., 1974) se observa que en ambas se le atribuye importancia al perro como guardián; pero en la región urbana el aspecto afec­tivo es casi tan importante como el guardián; en cambio, en el medio rural solamente el 10,5% de los propietarios tienen perros por razones afectivas. Como se señaló, casi un 9% de los propietarios poseen perros con fines deportivos, situación que posiblemente no se da en el área urbana.

CUADRO 6 CANTIDAD DE PERROS SEGÚN RAZÓN DE LA TENENCIA Y NIVEL SOCIOECONÓMICO DEL PROPIETARIO

Razón de la tenencia

Nivel socioeconómico

Muy bueno

Bueno

Regular

Malo

Total

%

Guardián

13

25

139

104

281

43,8

Agrado

12

14

22

19

67

10,5

Deporte

3

18

27

8

56

8,7

Trabajo y guar.

2

2

86

73

163

25,4

Guar. y agrado

2

1

4

15

22

3,4

Trabajo

0

2

23

3

28

4,4

Trab. y agrado

0

0

5

1

6

0,9

Guar. y deporte

0

0

10

4

14

2,2

Trab. y deporte

0

0

3

1

4

0,6

En cuanto al desplazamiento de esta población, que informa sobre los movimientos migratorios de la especie, se estimó que de los 641 perros del estudio el 88,1 % nació en la misma comuna donde se encontraba en el momento de la encuesta; un 9,5% nació en otra comuna. El análisis de esta variable permite establecer que un 2% de los pro­pietarios desconoce el origen de su perro y que un 0,3% de los perros nació fuera del país. La infor­mación concerniente a los perros que no se hallaban en el momento de la encuesta en la vivienda y que emigraron de ella, señalaba que el 58,1% perma­necía en la misma comuna, debido a que los perros se distribuyen generalmente regalándose entre pro­pietarios amigos o vecinos: de un 16,1 % de los perros se desconoce su destino, los cuales se inte­gran posiblemente al estrato de perros vagos con las potenciales consecuencias sanitarias que esto tiene (Nassar y Mosier, 1980).

Si se considera la mortalidad general (cuadro 7) se aprecia que de 100 perros, murieron en promedio 4,3, cifra inferior a la observada por Morales e Ibarra (1979) en el área urbana de la Región Me­tropolitana. También se ve en el mismo cuadro una sobremortalidad masculina, fenómeno semejante a lo que sucede en la población humana y cuyas cau­sas son un tanto desconocidas (Hauser y Duncan, 1964). En cuanto a la edad, la menor mortalidad se produce en los animales más jóvenes, presen­tándose un aumento relativamente constante hacia las edades superiores. Las causales de muerte en esta población fueron envenenamiento (37,9%), accidentes (20,7%), eliminación de perro adulto (6,9%) y el mayor porcentaje se debió a enferme­dad, lo que era dable esperar en el campo, ya que para esta especie no existía ningún tipo de atención médico veterinaria. Si se compara con el área ur­bana, Morales e Ibarra (1979) observaron que la causa más importante de muerte en el área urbana era la eutanasia solicitada por parte del dueño del animal, en segundo lugar los accidentes y, tercero, las enfermedades.

CUADRO 7 TASAS DE MORTALIDAD GENERAL, POR SEXO Y EDAD

 Edad  (años) Tasa de mort. general (x 100) Tasa de mort. masculina (x 100) Tasa de mort. femenina (x 100)

 < 1

3,77

4,30

  1,56

 1,1 - 2

3,85

4,55

  0----

 2,1- 3

5,81

5,19

11,11 

 3,1 - 4

 0----

    0-- ----

  0----

 4,1 - 5

8,89

5,26

28,57 

 5,1 y más

7,55

7,69

  0----

-

4,33

4,40

3,92

Un estrato importante de analizar es la mortali­dad en el recién nacido; en este grupo destaca la fuerte injerencia que tiene el hombre, observándose que el 94,3% de las muertes se debe a eliminación y sólo un 6,75% a enfermedades. Esta situación también se presenta en el sector urbano, donde una alta mortalidad del perro menor de un año se debe a eutanasia del recién nacido (Morales e Ibarra, 1979).

En relación con la presencia de otros animales se estableció que la razón bovino/perro es de 6,3/1, la que no difiere mayormente a la obtenida por Aedo en Máfil (1976) de 7 bovinos por perro. Entre las comunas consideradas se presentó una alta va­riabilidad fluctuando, esta razón, entre 18,9/1 en Pudahuel a 1,7/1 en Las Condes.

Referencias

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Recibido el 30 de septiembre de 1991, aprobado el 25 de marzo de 1992.