Contenido

Los sistemas de producción bovinos, mantenidos en praderas naturales de la zona mediterránea exis­tentes en el país, se caracterizan por presentar un bajo nivel tecnológico, que se refleja en su bajo nivel productivo.

Si bien existe información nacional que permiti­ría mejorar significativamente estos parámetros productivos, destacan algunos aspectos del manejo alimentario sobre los cuales no existe adecuada información. Un aspecto particularmente poco eva­luado en los sistemas extensivos de producción bovina en el país, lo constituye la nutrición mineral, especialmente si se considera la estrecha relación que se establece entre suelo, planta y animal.

Los fluidos orgánicos como son el suero y plas­ma sanguíneo han sido ampliamente utilizados co­mo indicadores del estado nutricional mineral, de­bido a que ofrecen ventajas en relación a rapidez, facilidad de muestreo y análisis posterior. Se acepta como buen indicador del estado nutricional, las concentraciones séricas y plasmáticas de los ele­mentos Ca, P, Mg, K, Cu y Zn, aunque para los dos primeros minerales se considera como indicador ideal al tejido óseo (Underwood, 1981).

El presente trabajo evaluó el estado nutricional mineral de hembras bovinas, en distintas fases de su ciclo productivo y alimentadas con praderas natura­les del secano costero de la zona central del país.

Material y método

1. Ubicación y descripción vegetacional

El trabajo se realizó en un predio de aproximada­mente 9.500 há ubicado en el secano costero de la V Región, provincia de Valparaíso, comuna de Quil­pué, siendo sus coordenadas 33° 08' latitud Sur, 71° 24' longitud Oeste.

La pradera corresponde a una de tipo anual característica de la zona mediterránea semiárida del país, compuesta principalmente por especies terófi­tas naturalizadas (Olivares, 1985). Además, desta­can por su importancia otras formaciones vegetales, tales como la sabana de Acacia caven, y el bosque esclerófilo, constituido por Quillaja saponaria, Peumus boldus, Litraea caustica, Maytenus boa­ria. También dentro de la estrata arbustiva predo­minan las especies Trevoa trinervis, Colliguaya odorifera.

2. Animales

De un rebaño de 650 hembras Hereford, alimenta­das exclusivamente a base de pradera natural sin fertilización, se seleccionaron a través de un mues­treo dirigido, 44 vacas cuyas edades fluctuaron entre 3 y 10 años, y que presentaban entre 1 y 6 partos al momento de iniciar el estudio.

La selección de las hembras se realizó conside­rando a aquellas que hubieron parido normalmente la temporada anterior, y que al momento de iniciar el ensayo, hubiesen permanecido en el predio un tiempo no inferior a los 12 meses.

3. Muestras

Se tomaron muestras de sangre en tres diferentes estaciones del año, que corresponden a etapas espe­cíficas del ciclo productivo de las hembras bovinas.

El muestreo inicial se realizó en primavera (25.10.81), que corresponde al inicio de la lactan­cia y comienzos del período de gestación. El segun­do se realizó en otoño (5.4.82) correspondiendo con el segundo tercio de gestación de las hembras, siendo el tercer y último muestreo en invierno (5.7.82), encontrándose en esta época las hembras en el tercio final de su gestación. También se toma­ron muestras de pradera durante primavera y vera­no. En el muestreo realizado en primavera se obtu­vieron ocho muestras, utilizando un cuadrante de 0,20 x 0,20 m, para lo cual se cortó la vegetación a una altura similar a la que realiza naturalmente el bovino en pastoreo. En verano el muestreo se reali­zó utilizando como base una carta de ocupación de tierras, tomando dos muestras y utilizando la misma unidad de muestreo y altura de corte descrito para primavera (Etienne y Prado, 1982).

4. Determinaciones

4.1. Sangre. Se tomaron en cada muestreo aproxi­madamente 20 ml de sangre por animal, las que fueron recibidas en tubos de ensayos previamente desmineralizados y que contenían citrato de litio (5 mg/ml de sangre) como anticoagulante; siendo centrifugadas (670 x G x 20 min) inmediatamente de obtenidas, separándose el plasma, el que fue congelado a -20°C para su posterior análisis.

En el plasma, se determinaron las concentracio­nes de macroelementos Ca, Mg, K y P, a través de técnicas de espectrofotometría de absorción atómi­ca (Fick y Cols., 1976); con la excepción del P que fue determinado colorimétricamente (Fiske y Sub­barow, 1925). Además se determinaron los micro­elementos Cu y Zn, a través de espectrofotometría de absorción atómica.

4.2. Praderas: Se determinó el contenido de materia seca, proteína cruda, extracto etéreo y ceni­zas (AOAC, 1970), como también el contenido y fraccionamiento de las paredes celulares (Goering y Van Soest, 1970). Conjuntamente se determinaron los mismos elementos minerales que en el plasma de los animales.

5. Análisis Estadístico

Las concentraciones plasmáticas de los diferentes minerales analizados fueron descritas para cada es­tación del año, a través del promedio (), desvia­ción estándar (DE) y rango. Los promedios fueron comparados mediante análisis de varianza y las diferencias a través de la prueba de Student­Newman-Keuls (Snedecor y Cochran, 1974).

Como criterio para establecer la adecuación del estado nutricional mineral de los animales, se com­pararon los valores experimentales obtenidos, con los reportados como normales por la literatura ex­tranjera, considerándose como tales los valores ta­bulares y las recomendaciones de diferentes au­tores.

Los resultados de composición química y aporte mineral de las praderas se describieron a través del promedio y desviación estándar.

Resultado

Las concentraciones plasmáticas de Ca, P, Mg y K se entregan en el cuadro 1.

CUADRO 1 CONCENTRACIONES PLASMÁTICAS DE CALCIO, FÓSFORO INORGÁNICO, MAGNESIO Y POTASIO EN VACAS HEREFORD SEGÚN ESTACIÓN DEL AÑO (mg/dl)

-

Primavera

Otoño

Invierno

Calcio

 ± DE

10,68a ± 0,86

10,22b ± 0,94

9,26c ± 0,56

Rango

9,25 - 12,59

8,94 - 13,03

8,11 - 10,60

Fósforo

 ± DE

3,90b ± 1,17

4,29ab ± 1,23

4,54a ± 1,02

Rango

2,23 - 6,55

1,00 - 6.70

2,91 - 8,52

Magnesio

 ± DE

2,26c ± 0,19

3,23a ± 0,54

2,60b ± 0,31

Rango

1,97 - 2,78

1,96 - 4,78

2,06 - 3,33

Potasio

 ± DE

26,40a ± 1,99

23,13b ± 2,81

23,8b ± 1,74

Rango

21,8 - 29,9

19,1 - 29,9

20,1 - 27,1

a, b, c: letras distintas indican diferencias estadísticamente significativas (p  0,05).

Los niveles de Ca plasmáticos mostraron varia­ciones significativas entre las tres estaciones eva­luadas, siendo mayor el contenido en primavera (p 0,05). La variabilidad observada fue baja para las tres estaciones.

Las concentraciones de P inorgánico plasmático, también mostraron variaciones a través del año, correspondiendo al invierno valores significativa­mente mayores que los observados en primavera (p 0,05). La variabilidad individual en las concen­traciones de P fueron altas, superando un coeficien­te de variación del 22% para las tres estaciones evaluadas.

También el Mg presentó variaciones estaciona­les significativas (p 0,05), siendo en otoño donde se registraron las mayores concentraciones plasmá­ticas para este elemento.

Resultados similares se obtuvieron con el K, donde los meses de primavera presentaron mayores concentraciones (p 0,05), en relación a las de otoño e invierno, que presentaron niveles plasmáti­cos muy similares entre sí, siendo la variabilidad individual bastante pequeña en las tres estaciones.

En relación a la concentración plasmática de los microelementos Cu y Zn, éstas se entregan en el cuadro 2, observándose la misma tendencia que con los macroelementos. El Cu mostró variaciones significativas en las tres estaciones evaluadas, siendo mayores las concentraciones observadas en prima­vera, en relación a las de otoño e invierno (p   0,05).

CUADRO 2 CONCENTRACIONES PLASMÁTICAS DE COBRE Y ZINC EN VACAS HEREFORD SEGÚN ESTACIÓN DEL AÑO (μg/dl)

- -

Primavera

Otoño

Invierno

Cobre

 ± DE

106,70a ± 9,46

84,70c ± 2,81

88,75b ± 5,1

Rango

92 - 129

80 - 93

81 - 112

Zinc

 ± DE

109,04a ± 34,59

98,81b ± 15,94

90,81b ± 13,95

Rango

66 - 236

47 - 144

75 - 132

a, b, c: letras distintas indican diferencias estadísticamente significativas (p  0,05).

Una tendencia similar se evidencia con las con­ centraciones del Zn, donde también los meses de primavera presentaron los mayores valores. Sin embargo, para este elemento se presentó una mayor variabilidad individual, lo que se refleja en la mayor amplitud del rango de las concentraciones plasmáti­cas obtenidas.

Los resultados de la composición química de las praderas durante los meses de primavera y verano se entregan en el cuadro 3, observándose diferen­cias en el contenido de proteína cruda, donde los niveles de primavera triplican los obtenidos en los meses de verano. Por el contrario, las paredes celu­lares y sus principales componentes como son celu­losa, hemicelulosa y lignina presentaron mayores porcentajes en las muestras de verano.

Los macrominerales analizados en la pradera mostraron concentraciones muy superiores en pri­mavera, las que más que duplicaron las obtenidas en el muestreo del verano (cuadro 4). Por el contra­rio, los microelementos Cu y Zn no presentaron diferencias significativas en su concentración en ambos muestreos.

CUADRO 3 ANÁISIS QUÍMICO Y FRACCIONAMIENTO DE LAS PAREDES CELULARES DE LAS PRADERAS SEGÚN ESTACIÓN DEL AÑO (µg/100g MS)

-

Proteina Cruda

Extracto Etereo

Cenizas

Paredes Celulares

Ligno Celulosa

Hemicelu- losas

Celulosas

Lignina

Primavera (n=8)

19,4 ± 0,5

3,7 ± 0,2

11,8 ± 0,2

44,7 ± 1,4

30,0 ± 2,2

14,9 ± 2,8

20,8 ± 1,8

8,3 ± 0,9

Verano (n=2)

5,9

2,1

10,1

69,1

31,5

19,2

34,5

9,7

CUADRO 4 CONTENIDO MINERAL DE LAS PRADERAS SEGÚN LA ESTACIÓN DEL AÑO (Base Materia Seca)

-

Macrominerales (%)

Microminerales (ppm)

Ca

P

Mg

K

Cu

Zn

Primavera (n=8)

1,09 ± 0,26

0,24 ± 0,03

1,95 ± 0,87

2,89 ± 0,75

10,0 ± 4,11

33,8 ± 6,86

Verano (n=2)

0,5

0,12

0,55

0,95

13,5

33,1

Discusión

Los promedios de la concentración plasmática de Ca, en las distintas estaciones del año, resultaron similares a los valores reportados en la literatura extranjera como normales para el ganado bovino (Kaneko, 1973; Underwood, 1981).

La mayor concentración de Ca, se obtuvo en primavera, a pesar que durante esta época, los re­querimientos dietarios son elevados, debido al dre­naje de este elemento por la secreción láctea. Sin embargo, es también durante esta estación donde la pradera alcanza su mayor valor nutritivo, lo que se refleja en su alto contenido de Ca, el que osciló entre 0,88 y 1,44%; cantidades que exceden los requerimientos dietarios de este mineral, estableci­das por NRC (1984) para hembras bovinas de carne en lactancia.

En otoño, también el promedio de la concentra­ción plasmática puede considerarse como normal, a pesar que el 4,5% de los animales muestreados presentó valores bajo el límite inferior de referen­cia, que es de 9 mg de Ca/dl. Una situación similar se obtuvo en el muestreo de invierno, pero aumentó a 38,6% el porcentaje de vacas que presentaron concentraciones bajo el límite inferior de normali­dad (gráfico 1).

 

Gráfico 1. Distribución porcentual estacional de animales con niveles subnormales de fósforo, calcio y zinc.

En el muestreo de la pradera, realizado en vera­no, el contenido de Ca fue cercano al 0,5%, el que puede considerarse como adecuado para vacas en el tercio final de gestación. Sin embargo, el elevado porcentaje de hembras que presentaron valores de­ficitarios, puede deberse a un bajo consumo de la pradera, asociado ya sea con su bajo aporte nutriti­vo o causado por la baja disponibilidad de la misma, o bien a una combinación de ambos factores.

A pesar de que el muestreo de la pradera se realizó en verano, éste es un buen indicador del forraje consumido por los animales durante los me­ses de otoño e invierno, ya que como es sabido, el crecimiento de la pradera durante estos meses es escaso, siendo por lo tanto el componente principal de la dieta el forraje rezagado de los meses de verano.

El contenido de Ca de las praderas analizadas está dentro de los valores reportados por la literatura nacional. Stehr (1968) entrega valores de Ca entre 0,25 y 1,77%, en praderas destinadas al pastoreo, de ovinos en la provincia de Santiago. Haardt y Cols. (1976) entregan valores entre 0,47 y 1,99% en praderas de riego.

Los rangos de la concentración plasmática de Ca resultaron ser bastante estrechos en todos los mues­treos realizados, a pesar de las grandes variaciones estacionales en el aporte dietario, como también en los requerimientos; situación que confirmaría lo señalado por Horst (1984) de que los mecanismos de regulación de Ca plasmático funcionan muy efi­cientemente.

En el caso del P, las concentraciones plasmáticas más bajas se obtuvieron en primavera. Estas se pueden considerar como deficitarias, al comparar­las con lo reportado como normal por la literatura extranjera. Thompson y Reid (1981) y Underwood (1981), coinciden en señalar como límite inferior del rango de normalidad del P plasmático 4,5 mg/ dl. Payne y Leech (1964) indican como normal concentraciones por sobre los 5,2 mg/dl de plasma.

Al analizar individualmente las concentraciones de P plasmático durante la primavera, se observó que el 72,7% de los animales estudiados presenta­ron niveles inferiores a 4,5 mg/dl (gráfico 1).

Esta hipofosfatemia se puede explicar por el bajo aporte de P que realiza la pradera durante su período de máximo crecimiento. El análisis de las muestras de forraje en esta estación entregó un contenido promedio de P del 0,24% de la materia seca, el cual puede considerarse como deficitario (McDoweIl y Conrad, 1977). Las recomendaciones dietarias de P establecidas por NRC (1984) para vacas lactantes de razas de carne con producciones cercanas a los 10 lts diarios, oscilan entre 0,39 y 0,26% de la materia seca.

En otoño e invierno las concentraciones plasmá­ticas se incrementaron respecto a las obtenidas en primavera, alcanzando sólo en invierno un prome­dio superior al considerado como mínimo normal. Sin embargo, el 52,3 y 59,1% de las muestras analizadas en los meses de otoño e invierno, respec­tivamente, estaban bajo el límite inferior.

Para explicar esta mejor condición nutricional del P en estas estaciones, se debe considerar la significativa disminución de sus requerimientos, ya que durante estos meses las vacas se encuentran en período de gestación, a pesar de que los contenidos de P en la pradera muestreada en verano disminuye­ron considerablemente respecto a los niveles obte­nidos en primavera.

Es sabido que deficiencias dietarias de P produ­cen una menor digestibilidad de la dieta en el ru­men, especialmente de la celulosa (Witt y Owens, 1983), lo que afecta negativamente el consumo de alimento. También deficiencias de P se han asocia­do con problemas de anestro, baja tasa de concep­ción y bajas producciones lácteas (Ammerman y Goodrich, 1983).

Los resultados obtenidos indicarían que el P se­ría un factor limitante en la productividad de los sistemas de producción bovina del secano costero de la zona central.

Concentraciones de P en la pradera similares a las obtenidas en el presente estudio reportaron Goic y Bórquez (1982) en la provincia de Osorno, aun­que con diferente estacionalidad en su concentra­ción.

El Mg plasmático, si bien presentó diferencias significativas estacionales, los promedios obteni­dos en los tres muestreos están dentro de los rangos habituales de normalidad establecidos por la litera­tura extranjera. Manston y Allen (1981), entregan como rango normal para vacas lecheras valores de 2,07 a 3,04 mg/dl.

El contenido de Mg de las praderas, mostró una marcada diferencia estacional, lo que coincide con lo descrito por Reid y Horvath (1980), y en el país por Knopel y Cols. (1980), quienes también encon­traron niveles adecuados de Mg en la mayoría de las praderas de la provincia de Valdivia.

Stehr (1968) trabajó en una zona agroecológica muy similar a la del presente estudio, y determinó que sólo se produciría una deficiencia de Mg en ovejas que están lactando.

Los resultados de la concentración plasmática de K, también denotan un estado nutricional adecuado de este elemento, ya que las variaciones de las concentraciones obtenidas están dentro de los valo­res considerados como de referencia para los bovi­nos. Fick y Cols. (1976) señalan como normal concentraciones de 24,2 mg kg/dl de plasma.

Los contenidos de K de la pradera en cualquier época del año, permiten cubrir holgadamente los requerimientos de vacas en las diferentes etapas de su ciclo productivo.

Al igual que para el Mg, las concentraciones plasmáticas de K, en la totalidad de los animales muestreados fueron superiores al límite inferior del rango considerado como normal.

De los microelementos analizados, el Cu presen­tó variaciones estacionales importantes, siendo mayores las concentraciones plasmáticas obtenidas en primavera. Smart y Cols. (1981) señalan como normales niveles de 70 a 150 µg Cu/dl de plasma.

La estacionalidad en las concentraciones plas­máticas de Cu, no es coincidente con el aporte de la pradera, el que fue similar en las dos estaciones evaluadas. Estos resultados indicarían que las mayores concentraciones plasmáticas obtenidas en primavera, se deben fundamentalmente al mayor consumo de la pradera que los animales realizan durante esta estación, como también a que la lactan­cia no involucra una mayor demanda de Cu dieta­rio. Uribarri (1982) también reporta niveles plas­máticos de Cu significativamente inferiores en va­cas gestantes, en relación a las que se encontraban lactando en praderas del sur del país.

Una situación similar se obtuvo para las concen­traciones de Zn plasmático, aunque el 9,0, 11,3 y 15,9% de las muestras de plasma analizadas en primavera, otoño e invierno, respectivamente, es­tuvieron bajo los 80 mg de Zn/dl de plasma, consi­derado como el valor mínimo normal de referencia (Hansard, 1983).

Las concentraciones de Zn de la pradera analiza­da, resultaron ser ligeramente superiores a lo infor­mado por Stehr (1968) e inferiores a lo reportado por Haardt y Cols. (1976).

Se puede concluir que el estado nutricional de los minerales analizados en los sistemas de producción bovinos del secano costero de la zona central, pre­sentan una marcada estacionalidad a través del año, siendo el P el elemento mineral más deficitario. También se observaron deficiencias marginales de Zn, y estacionales en el caso del Ca.

Resulta interesante ampliar el presente estudio a otras áreas donde predominan los sistemas bovinos extensivos, que utilizan la pradera mediterránea como único recurso alimenticio, para posterior­mente evaluar la respuesta productiva de estos reba­ños frente a la suplementación de estos minerales deficitarios.

Referencias

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