Obituario

  • Antonio Horvath Sumi (1921-1994)

Resumen

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Abstract

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Recientemente ha fallecido el Dr. Antonio Horvath Sumi, quien fuera distinguido y recordado profesor de Fisiología y Bioquímica de la Universidad de Chile, primero en su Facultad de Medicina y luego en la de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Nacido en Hungría en 1921, recibe su título de médico-cirujano en la Real Universidad de Ciencias de Budapest en 1945. Los avatares políticos de la Europa Oriental lo impulsan a buscar nuevos horizontes profesionales y científicos, llegando a Chile, donde en 1950 ingresa a la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, al entonces Instituto de Fisiología. Su constante afán de conocimiento y perfeccionamiento lo lleva a realizar actividades de investigación en el Departamento de Bioquímica de la Escuela de Medicina de la Universidad de Cornell (1955-1956) y luego en el Departamento de Farmacología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Virginia en Richmond (1960-1962). En 1963 asume las responsabilidades de profesor de Fisiología y posteriormente también de Bioquímica en la entonces Facultad de Medicina Veterinaria y Ciencias Pecuarias de la Universidad de Chile, actividades que sólo interrumpió entre 1969 y 1979, período en el cual se desempeña, primero, por encargo de la OEA como profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, y luego en Francia como consultor de los Laboratories Chibret de París. 

Su capacidad científica se manifestó, entre otras actividades, en la publicación de tres libros, gran número de artículos en calificadas revistas científicas internacionales y representaciones en congresos nacionales e internacionales en temáticas tan diversas como: fisiología de las hormonas tiroideas; relación tiroxina-insulina; efectos metabólicos y terapéuticos de la Calgualina, substancia que aislara y caracterizara a partir del Polypodium leucatomos, arbusto de Honduras y cuyo producto bajo el nombre de ANAPSOS fuera patentado en más de 30 países, y finalmente alteraciones del colágeno tanto en seres humanos como en diversos modelos animales.

Pero, más allá de esta sumaria y fría relación de sus logros científicos, no cabe duda que quienes tuvimos la fortuna de formarnos a su lado, cuando recién nos iniciábamos en el afán científico, tenemos que reconocer en él al maestro severo, estricto, pero siempre cálido y humano, de recto proceder y de intransables principios, aun a costa de ganarse la odiosidad de algunos de sus pares, no acostumbrados a la franqueza, a veces demoledora, de sus juicios en la mayoría de las ocasiones irrebatibles. Imborrables, para nosotros sus discípulos, serán estas características así como su eterna pipa entre los dientes apretados, su siempre atrevido estilo de conducir vehículos motorizados, entre ellos su entonces notorio Austin Mini azul, y esas increíbles y fabulosas discusiones que sobre ciencia y seres humanos sostenía con su entrañable amigo, otro inolvidable, el profesor Desiderio Papp (Q.E.P.D.).

Por todo ello, quienes aún deambulamos por estas sendas, que él nos mostrara, sólo podemos recordarlo con nostalgia y lamentar su partida, sólo física, de nuestros entornos comunes.